diazalvarez

Web dedicada a la obra creativa de la escritora cordobesa Ana María Díaz. Obras publicadas en Ediciones Irreverentes: No pudo ser, Padre Zeus y la novela Indianos.

25.3.06

Primeras páginas de INDIANOS; de próxima aparición

Primera páginas de INDIANOS

Después de un día agobiado por el calor, y una tranquila y dulce noche, cuando todavía no había empezado a clarear, lechuzas, mochuelos, búhos y toda clase de animales nocturnos aprovechando los últimos momentos de oscuridad, seguían persiguiendo a sus víctimas, antes de retirarse a sus escondrijos, hasta los cuales no llegaría la luz del sol y, en los que permanecerían durante todo el día, cuando Pedro ya estaba dispuesto a levantarse Eran las horas en que todos los chicos de su edad seguían durmiendo pero Pedro lo mismo en el buen tiempo del verano que en los fríos días del invierno se veía obligado a dejar su cama, pues tenía que atender a aquellos trabajos que le habían sido encomendados, y como eran muchos los años que llevaba haciéndolo, estaba tan familiarizado con esos madrugones que le hubiera sido imposible seguir en la cama hasta las nueve de la mañana. La casa se ponía en movimiento al unísono y sin dilaciones empezaban con sus monótonos y rutinarios trabajos. Solamente quedaban en la cama los hijos más pequeños que a esas horas disfrutaban estirándose y acomodándose a gusto, ya que las camas eran compartidas por lo menos entre dos hermanos, o, en la cama grande con sus padres, ilusión de todos ellos y que para evitar peleas se iban turnando cada noche. Sus sueños placenteros seguían hasta que ya bien entrada la mañana la madre los despertaba, espabilaba y hacía que se levantaran. Marido y mujer ordeñaban las cabras y ovejas, mientras que el mayor de los hijos ponía los aparejos al burro y en sus serones iba colocando las cantaras de leche que tendría que llevar al pueblo, porque a las siete y media ya empezaban las mujeres a ir a comprarla a los puestos. Los padres, una vez terminado con el ordeñado se marchaban a la huerta en donde trabajaban, el marido hasta la hora de la comida, la mujer regresaba antes a la casa para levantar a los pequeños, darle el desayuno y luego dedicarse a las faenas del hogar. Pedro, después de lavarse la cara, si es que aquello se le podía llamar lavado, más bien diremos que se mojaba la cara para espabilarse, se tomaba un tazón de leche, un cacho de pan que frotaba con ajo, lo regaba con un poco de aceite y se lo comía relamiéndose como si fuera un exquisito manjar; terminado el desayuno empezaba los preparativos para pasar todo el día en el campo con el ganado, volvía sobre las seis y, a esas horas quedaba libre de obligaciones. A esas horas sí ponía un poco de más cuidado en su aseo personal, si hacía buen tiempo se desnudaba fuera de la casa, se enjabonaba y cualquiera de la familia que anduviera por allí se encargaba de echarle unos cubos de agua por encima para enjuagarse y quitarse bien el jabón. Era un sistema de ducha un poco primitivo, pero que no dejaba de cumplir sus fines; se ponía ropa limpia y esmeradamente planchada la cual llevaba remiendo sobre remiendo y alegre como el pájaro al que le abren la jaula, se marchaba en busca de sus amigos. No vivían muy lejos unos de los otros, en cortijadas parecidas a la de Pedro y todos juntos ideaban pasarlo lo mejor posible. Todo el campo, o casi todo, lo tenían a su disposición y en él hacían lo que todos los chicos que se encuentran en la misma disposición acostumbran hacer: ir en busca de peces cabezones al arroyo, buscar nidos, grillos… y meterse en huertos y campos sembrados próximos a dar una nueva cosecha, para provocar a perros y dueños que salían a ladridos y pedradas detrás de ellos, a la vez que los insultaban y amenazaban, pero ligeros como gamos, pronto se ponían a buena distancia sin que piedras ni amenazas llegaran a alcanzarlos. Sin embargo en dirección del pueblo si había una finca a la cual nunca se habían acercado ninguno de ellos, les imponía la magnificencia de la casa, los grandes jardines que la rodeaban, cantos de aves para ellos extrañas y chillidos de monos que jugaban encerrados en grandes jaulas; fieles perros guardaban todas esas bellezas pero, ellos más miedo que a estos le tenían al "negro" que apenas que sentía que los perros se ponían nerviosos se acercaba hasta la valla para ver que era lo que pasaba

5 Comments:

At 10:29 AM, Anonymous Anónimo said...

Muy bonita la portada.Muy bonito el texto

 
At 1:41 PM, Anonymous Anónimo said...

Enhorabuena, la portada de la nueva novela es preciosa y las primera pagina que he leido me ha gustado mucho , espero que se edite pronto para poder leerlo.

 
At 5:54 PM, Anonymous Anónimo said...

Si Indianos no esta a la venta en su localidad puede solicitarlo a A.Mª.D. Avda del Aeropuerto 3-5º-5 I4004 Córdoba

 
At 9:38 PM, Blogger Noticias Irreverentes said...

Si tiene algún problema para encontrar Indianos en su librería, además de encontrar el libro en la dirección citada, informe a su librero que el libro está distribuido en Andalucía por
CENTRO ANDALUZ DEL LIBRO
Carrion-Los Negros, 19 29013 Málaga
Tfn. 95 225 10 04
Fax. 95 225 10 04
Correo electrónico: calmal@zoom.es

y para SEVILLA, CÁDIZ, HUELVA Y EXTREMADURA
CENTRO ANDALUZ DEL LIBRO
Parc.34-36 Km.7,3 Sev-Mal Polig. Ind. La Chaparrilla 41016 Sevilla
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Fax. 95 440 25 80
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Para su distribución en Madrid y Castilla La Mancha, DISTRIFER LIBROS S.L.
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Tfn. 91 796 27 09 Fax. 91 796 26 77
Correo electrónico: distrifer@distriferlibros.com, y para el resto de España y exportación más información en http://www.edicionesirreverentes.com

 
At 4:38 PM, Anonymous . said...

Yo también escribí una novela sobre unos antepasados que fueron a América, pero al norte. Eros se enriquecieron y perdimos contacto.

 

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